jueves, 19 de diciembre de 2013

[Análisis The Stanley Parable] Stanley walked through the red door.


El reloj situado sobre la mesita de noche de Stanley suena cada día a la seis de la mañana. Stanley se levanta de la cama, se despereza en un par de gestos impulsivos y se encamina al cuarto de baño. Allí se desviste y se ducha, pasa un largo rato bajo el cálido chorro de agua. Cualquier que lo viese diría que es una persona meditabunda, pero esto no es cierto; su mente se halla vacía, completamente desolada. Y así permanece el resto del día, cuando camina entre la multitud y entra al metro, cuando pasa ocho horas sentado frente a un ordenador, y cuando al volver a casa cena hipnotizado por la televisión y se acuesta. De vez en cuando masculla algo que podría interpretarse como una queja, pero no cala lo suficiente en su conciencia como para quitarle el sueño. Y cada segundo, cada minuto que pasa, es un poco más de su valioso tiempo desperdiciado. Y algunos os preguntaréis: ¿Cómo puede Stanley vivir así?


La respuesta es sencilla, y es que da igual la disposición de Stanley para vivir el estilo de vida que ha elegido, pues actúa por pura inercia. No se le puede culpar, pues en parte también es arrastrado por la sinergia que causa una multitud de personas viviendo las mismas vidas de mierda que él. Se considera afortunado por no haber nacido en un país donde los niños mueren de hambre, o donde la contaminación deja estériles a las mujeres; pero sin embargo experimenta en plena vida una muerte más lenta y dolorosa. Algún día Stanley podrá levantar la cabeza y darse cuenta de la realidad que nos envuelve e intentará despertarnos al resto. Pero, como en la alegoría de la caverna, nos alzaremos con una piedra en la mano y la intención de triturarle la cabeza. Da igual que a nadie le guste la fiesta: no queremos que nos la estropeen.


En el año 2009 un brevísimo juego flash surgió de la mano de Pablo Pedercini llamado Every Day the Same Dream, que nos ponía en la piel de un tipo cualquiera, ejecutando una serie de rutinarias acciones hasta que llegaba a su puesto de trabajo y el juego volvía a su inicio. Acompañados de un diseño artístico y una música minimalistas, podíamos repetir esto cuantas veces quisiéramos sin ninguna variación. Pero, tarde o pronto, surgía la posibilidad de seguir otro derrotero, acompañando a un vagabundo hasta un cementerio, bajándonos del coche a hablar con los animales del campo e incluso tirándonos desde la azotea del complejo de oficinas. El juego comenzaba de nuevo, pero ese impulso de actuar a contracorriente que muchas veces duerme dentro de nosotros nos invitaba a explorar todas las vías alternativas que podíamos tomar, hasta el inevitable desenlace.


The Stanley Parable (traducido como “La Parábola de Stanley”) tiene una intención similar, pero una manera de obrar diametralmente opuesta. Los chicos de Galactic Cafe han llevado la misma propuesta a un campo más perteneciente a la comedia y la han ejecutado con una de las mejores y más originales narrativas de los últimos años, a modo de alegoría sobre la interacción del jugador con la historia. ¿No cabe acaso espacio para cuestionarnos la actitud del protagonista frente a ciertas situaciones, o que ocurriría si hubiera actuado de otra manera?


La existencia de muros invisibles o el comportamiento irracional en un personaje de videojuego es frustrante y, a veces, acarrea graves problemas cuando tratas de meterte de lleno en la historia.  El momento para esta reflexión es idóneo ahora que existen “no-juegos” como Dear Esther, donde el jugador no interviene para nada en la historia, o, aún peor, con juegos como Beyond
: Two Souls, donde se hace creer al jugador que tiene la sartén por el mango cuando en ningún momento posee la más mínima autoridad.

Cuánto menos sepáis de The Stanley Parable, mejor. Podéis esperar de él grandes cantidades de humor absurdo, rupturas constantes de la cuarta pared y una parábola endiabladamente inteligente sobre la actitud que tenemos, tanto dentro como fuera de los videojuegos, de no cuestionarnos por qué hacemos lo que hacemos. Coge todo lo que considerábamos axioma en un videojuego y lo retuerce, convirtiéndolo en una burla de lo que fue en algún momento. Resulta tan hilarante en ocasiones, como desolador en otras, pero siempre manteniendo el mismo nivel de genialidad en su mensaje: ¿No va siendo hora de que seamos introspectivos e intentemos dar la vuelta a la tortilla?


The Stanley Parable está disponible para Windows y OS X, y puede comprarse en Steam por quince dólares. Si no estáis seguros (o si queréis saber de qué va el asunto antes de apoquinar), podéis descargar la demo de manera gratuita desde la página oficial del juego.

Nota Final: 9

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